“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.”
Juan el Bautista sabía cuál era su papel: señalar a Jesús, no a sí mismo. Esa claridad es rara, y libera.
Juan dijo estas palabras con el gozo cumplido. Menguar no es perder; es hallar el lugar correcto.
Cuando sale el sol, el lucero del alba no es derrotado: cumplió su propósito. Deja que Cristo brille más que tú hoy.
La humildad redirige la atención. En cada conversación de hoy, pregúntate: ¿estoy señalando hacia mí o hacia él?
Cristo crece en nosotros por rendiciones pequeñas y diarias: una opinión cedida, un mérito compartido, un silencio elegido.
Actúa: antes del desayuno, lee Juan 3:27-30 y nombra un área de tu vida donde el reflector debe pasar a Jesús hoy.