“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.”
En el Reino la lógica se invierte: al que se inclina delante de Dios, él lo levanta.
La humildad verdadera ocurre delante del Señor, no delante del público. Dios mira el corazón, no la actuación.
Humillarse es soltar la autopromoción. Suelta la necesidad de demostrar tu valor; Dios ya te conoce.
"Él os exaltará" es promesa, no hipótesis. Levantarte es tarea de Dios, y en su calendario.
En el mismo capítulo, Santiago recuerda: Dios da gracia a los humildes. En el terreno bajo se junta la lluvia.
Actúa: antes del desayuno, arrodíllate de verdad y entrégale a Dios la agenda de hoy, punto por punto.