“Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.”
Dios no le gritó a una multitud; llamó "Samuel, Samuel". Él conoce tu nombre y te habla directamente.
Samuel dormía cerca del arca, en el lugar de la presencia. Quien quiere oír a Dios se ubica donde Él habla.
Tres veces Samuel confundió la voz de Dios con la de Elí. Discernir la voz del Señor se aprende; ten paciencia con el proceso.
"Habla, porque tu siervo oye." Samuel se presenta como siervo antes de escuchar la primera palabra.
Orar no es solo hablar; es abrir espacio para que Dios responda. Quien escucha primero actúa con mucha más claridad.
Actúa: antes del desayuno, siéntate en silencio dos minutos con la oración "Habla, Señor" — y anota lo que llegue a tu corazón.