“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.”
El Espíritu no es un ayudante distante; es el Señor mismo presente. Donde Él está, Dios está entero.
En el contexto, Pablo habla de un velo que cae cuando alguien se vuelve a Cristo. La Palabra se abre cuando el corazón se gira hacia Él.
El Espíritu no produce religiosidad tensa, sino hijos libres. El miedo de esclavo no encaja en la casa del Padre.
El versículo siguiente dice que somos transformados de gloria en gloria al contemplar al Señor. Mira más a Él y menos al espejo.
La libertad en el Espíritu no es vivir sin rumbo; es por fin poder amar, servir y obedecer sin cadenas.
Actúa: antes del desayuno, dile a Dios en voz alta un área donde te sientes atado e invita: "Espíritu del Señor, trae libertad aquí."