“El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.”
La invitación de Jesús empieza en la sed: "Si alguno tiene sed, venga a mí." Tu necesidad es la puerta de entrada, no un impedimento.
La promesa es para el que cree. El desborde no nace del esfuerzo; nace de la confianza en Jesús.
De tu interior correrán ríos: la fuente ahora vive en ti. Las circunstancias se secan; el Espíritu, no.
Jesús prometió ríos, en plural. La vida en el Espíritu no está racionada; es abundante.
El río que no corre se estanca. El Espíritu te llena para alcanzar a los que están cerca.
Actúa: antes del desayuno, lee Juan 7:37-39 con un vaso de agua en la mano y pide: "Espíritu, lléname de nuevo hoy."