“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”
El Espíritu no espera a que estés fuerte para actuar. Es justo en la debilidad donde se acerca y ayuda.
No saber orar no es un fracaso espiritual; es la condición humana que el propio texto reconoce. Estás en buena compañía.
Mientras balbuceas, el Espíritu intercede con gemidos profundos. Tu oración más débil lleva dentro una oración perfecta.
Dios no evalúa tu gramática; escudriña el corazón. Lo que no logras decir, Él ya lo entendió.
El Espíritu intercede conforme a la voluntad de Dios. Tus oraciones se afinan en el cielo antes de ser respondidas.
Actúa: antes del desayuno, quédate dos minutos en silencio delante de Dios con la carga que no sabes nombrar — y deja que el Espíritu ore.