“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
La gracia comienza con un entierro: el viejo yo fue crucificado con Cristo, no entrenado para portarse mejor.
El centro de gravedad cambió. El esfuerzo propio deja el mando para que la vida de Cristo tome la dirección.
No es un supervisor distante, es el Salvador que habita. La vida cristiana es Cristo viviendo su vida en la tuya.
Pablo habla de esta vida, esta agenda, este lunes. El Cristo que mora en ti es para los días comunes, no solo para los sagrados.
Pablo escribe 'me amó' — en singular, personal. La fe descansa en un amor que sabe tu nombre y eligió la cruz.
Actúa: antes del desayuno, ora una frase — 'Jesús, vive este día en mí' — y dedícale la primera tarea de tu lista.