“En la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”
La vida bienaventurada no empieza con obligación, sino con deleite. Dios te invita a disfrutar Su Palabra antes de obedecerla.
Meditar no es un momento aislado, es un ritmo de regreso. Lleva un versículo contigo y rumíalo a lo largo del día.
Lo que ocurre bajo tierra decide lo que aparece encima. El tiempo escondido en la Palabra nunca es tiempo perdido.
Un árbol plantado no se apresura, y la gracia tampoco. Permanece arraigado; la cosecha llegará en el calendario de Dios.
Hojas que no se marchitan son la señal de raíces profundas. Quien está plantado junto al agua cruza la sequía sin secarse.
Actúa: lee el Salmo 1 antes del desayuno y elige una frase para volver a ella al mediodía y por la noche — tres riegos para una sola raíz.