“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”
La Escritura no es un archivo de dichos antiguos; es Dios hablando en tiempo presente. Ábrela esperando una voz, no solo información.
Ninguna palabra humana llega adonde llega esta Palabra. Atraviesa excusas y costumbres hasta el punto donde se encuentran el alma y el espíritu.
Mientras lees la Biblia, la Biblia te lee. Discierne motivos que no sabes nombrar e intenciones que apenas admites.
Dios expone lo que escondemos, nunca para avergonzarnos, sino para sanarnos. Nada de lo que la Palabra descubre queda fuera de Su misericordia.
Esa espada está en manos de un cirujano, no de un enemigo. Deja que haga su obra precisa y te levantarás más ligero de lo que te encontró.
Actúa: antes del desayuno, lee Hebreos 4:12 en voz alta, guarda un minuto de silencio y pregunta: “Señor, ¿qué está tocando tu Palabra en mí hoy?”