“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”
Dios tiene un tiempo determinado para cada propósito en nuestra vida.
Como Edison, aprendemos en cada intento. El proceso también es parte del propósito.
No todo florece el mismo día. Dios actúa de forma continua, aun cuando no lo vemos.
Aun en el silencio, Él obra en nuestro corazón, en las decisiones y en cómo crecemos.
No se trata de prisa, sino de perseverar con fe y paciencia hasta que llegue el tiempo justo.
Actúa: siembra hoy una semilla fiel — una oración, un paso pequeño — y deja la cosecha con Dios.