“Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.”
Antes de que hagas nada, la misericordia de Dios ya llegó primero. Te espera al despertar.
El orden importa: encuéntrate con Dios antes del café, las pantallas y las demandas. Primero la Biblia.
Sus misericordias no se agotan: no puedes gastar el amor de Dios, por grande que sea tu necesidad.
El fracaso de ayer no define tu hoy. Cada mañana la gracia abre una página en blanco.
Jeremías lo escribió en medio de ruinas. La fidelidad de Dios se prueba en las estaciones más duras.
Actúa: reparte hoy la misericordia que recibiste — en casa, en el trabajo, en el camino.