“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
Pablo escribió esto a una iglesia que acababa de ofrendar con sacrificio. La promesa de provisión llega primero a manos abiertas.
Dios suple conforme a sus riquezas en gloria — la medida de la provisión corresponde a la riqueza del Proveedor.
La promesa cubre necesidades, no todos los deseos — y eso es misericordia, porque Dios distingue lo que nosotros confundimos.
Pablo no dice solo 'Dios' — dice 'mi Dios', Aquel a quien probó en naufragios y cárceles. La provisión viene de Alguien conocido.
El patrón de la Escritura es constante: Dios da semilla al que siembra. La generosidad nunca te deja fuera de su provisión.
Actúa: antes del desayuno, escribe en papel tu necesidad más urgente, lee este versículo en voz alta sobre ella y deja el día en manos de Dios.