“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”
Pablo no sugiere el gozo; lo ordena. Y si es mandato, no depende de cómo amaneció el día.
Estas palabras salieron de una cárcel romana. El gozo que Pablo conoce no niega el dolor; lo resiste.
La fuente no es la circunstancia, es una Persona. Gózate en el Señor: Él permanece cuando todo cambia.
El "siempre" alcanza los lunes, las filas y las noticias difíciles. El gozo del Señor no toma vacaciones.
Pablo lo repite a propósito: el gozo necesita recordatorios. El corazón olvida; la Palabra lo vuelve a decir.
Actúa: antes del desayuno, di en voz alta tres motivos para gozarte en el Señor hoy — y empieza el día por ahí.