“Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén.”
El calendario del cielo se cumplió, y Jesús no fue arrastrado a la cruz — caminó hacia ella. Su amor tiene propósito, no casualidad.
Sabía lo que Jerusalén le costaría y aun así afirmó su rostro. El valor no es dejar de sentir; es seguir caminando.
Jerusalén significaba rechazo, traición y cruz — y tú eras la razón de cada paso. Eligió el camino pensando en ti.
La obediencia pesa menos cuando se decide antes de que la tentación vote. Fija hoy la dirección de tu corazón.
Le ofrecieron atajos en el camino, pero Jesús no negoció la ruta. Hay llamados en tu vida que tampoco aceptan desvíos.
Actúa: antes del desayuno, nombra una obediencia que has estado postergando y da el primer paso — un mensaje, un perdón, un sí.