“Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”
Isaías no finge que el agotamiento sea raro. Dios nombra al cansado y al que no tiene fuerzas — y se acerca a ellos, no se aleja.
Hasta los jóvenes se cansan, dice el versículo siguiente. La fuerza humana tiene techo; la de Dios no.
Los que esperan a Jehová renuevan sus fuerzas. El intercambio ocurre en la quietud, no en la prisa.
Volar, correr, caminar — la fuerza de Dios alcanza cada ritmo. Hay días de vuelo; la mayoría son de no desmayar, y ambos son gracia.
Dios no regaña al cansado; lo fortalece. Puedes llegar agotado y salir cargado en sus brazos.
Actúa: antes del desayuno, quédate tres minutos en silencio y dile a Dios exactamente dónde estás cansado — luego recibe su fuerza para hoy.