“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial.”
De toda la oración que enseñó, el perdón fue la única parte que Jesús volvió a subrayar. Eso dice mucho de su prioridad.
El rencor tapa el mismo canal por donde llega la gracia. Quien cierra la mano para dar, la cierra para recibir.
No compras el perdón de Dios perdonando; demuestras que lo recibiste. Un corazón perdonado perdona.
Cuando perdonas, la primera celda que se abre es la tuya. La amargura encierra más al carcelero que al preso.
Como el pan, el perdón se pide y se ofrece cada día. No es despensa; es cosecha de la mañana.
Actúa: ora el Padrenuestro hoy y, al llegar a "perdona nuestras deudas", detente e inserta un nombre específico antes de seguir.