“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”
Antes de tu primera oración, el amor de Dios ya estaba allí. Nunca diste el primer paso — siempre respondiste.
Amar a Dios no es una prueba para impresionarlo. Es la respuesta natural de quien descubrió que ya era amado.
Nadie sirve de una jarra vacía. Llénate primero del amor del Padre; luego sirve con lo que rebosa.
Uno aprende a amar siendo bien amado. Cada día en la presencia del Padre entrena tu corazón para amar mejor.
Quien vive amado primero no necesita que los demás lo merezcan. Puedes amar a personas difíciles porque no dependes de su respuesta.
Actúa: antes del desayuno, quédate un minuto en silencio sin pedir nada — solo repite "Él me amó primero" y recibe.