“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”
Manos humanas sostuvieron la pluma, pero el aliento vino de Dios. Cuando la Escritura habla, habla el cielo.
No solo las partes que consuelan: toda la Escritura es inspirada y útil. Hasta las páginas que sueles saltar llevan Su voz.
Enseñar, redargüir, corregir, instruir: la Palabra forma la mente, confronta el pecado, ajusta el rumbo y edifica el carácter.
Cuando la Escritura te confronta, no es rechazo: es un Padre que devuelve al camino a un hijo que ama.
La meta de Dios no es un cuaderno lleno, sino un siervo listo. La Palabra te prepara para las buenas obras que ya esperan en tu día.
Actúa: antes del desayuno, lee un capítulo y completa por escrito una frase: “Hoy esto me está enseñando, corrigiéndome o entrenándome para...”